El verbo se rehusa
a que el adjetivo emita comentario alguno.
Del ave, para que no vuele.
ni inunde los cielos de color,
zurcado por su propio destino.
Del Árbol, para que no sea bosque,
para que no sea árbol,
para que no viva, ni muera, ni mate,
ni caiga en cuenta de qué lo asusta.
De las nubes
que cruzarán,
sin destino,
lugares que ni el mismo verbo conoce,
porque lo asusta,
porque sufre por conocer.
De nada, de todo y de siempre y de por qué.
Y de nunca y de tal vez y de antes y de ahora.
El verbo se rehusa
a que el hombre lo mire,
o lo piense,
ni siquiera nombrarlo,
por si mismo.
Pero el verbo no es nadie,
para callar por sí mismo.
Este escapa,
se escabulle
entre sus propias sombras,
que lo acusan a sí mismo,
a que salga,
que se enfrente a sí mismo,
a nosotros mismos.
Porque el verbo no es nadie,
sino quien hace de él,
lo que hacemos de nosotros mismos.
Éste tiene una cita,
a la cual teme asistir.
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1 comentario:
Ivani caldery, creo que has subido mucho la exigencia para tus lectores, de lo que has escrito el lunes.
Me cuesta entender la idea.... debe tener un trasfondo, que hoy mis neuronas no quisieron entender o tal vez no estan en condiciones jaja, en fin de todas formas sabes, que me gusta que escribas... lo haces muy bien :)
Lo unico que pensé cuando le leí, fué en ete verbo : ENTENDER...(lo cual no logré xD)
Besitos ivancito
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