Las primaveras se agotaron.
Las primaveras ya no alegran, no emocionan, no enamoran, ya no sirven.
Las primaveras decepcionan, por lo mismo, porque se espera que esta nos produzca ese grato amanecer que necesitamos antes de finalizar el año, pero ya no llega como antes.
Y es esta decepción la que me hizo caer en la cuenta de que las primaveras simplemente no existen, más allá de ser una época del año. Y que no es raro que, aún estando en primavera, puedan aflorar en mi, no precisamente rosas o tulipanes, sino enfados, diferencias, egocentrismo o intolerancias extremas.
De estos defectos me he acordado, y que en base a ésta me alzo a escribir esta prosa, al oír una notable frase de Joaquín Sabina. Éste nos recuerda en Más de cien mentiras que tenemos Talones de Aquiles sin fondos.
Si bien parece sencillo tomar el sentido que desea expresar esta pequeña metáfora, ya que la mayoría de nosotros ya conocemos, levemente siquiera, la narración mítica de Aquiles y
Haciendo una síntesis de la historia, podemos recordar que Tetis, madre de Aquiles, lo llevó al río Estigia, donde las aguas que corrían por allí hacían insensible a cualquier herida que lo tocaran, Tetis lo sumergió agarrándolo únicamente del talón, y fue por ello que Aquiles solo tenía un punto débil: el talón, única parte de su cuerpo que no fue tocada por el agua. Ahora, llevándolo a una perspectiva a nivel personal, podemos identificar el Talón de Aquiles con nuestros defectos, nuestras debilidades, y al decir que no tienen fondos, implica pensar en que éstos son infinitos y hasta, a veces, desconocidos.
Estos defectos forman parte de lo que podemos llamar sombra, la parte oscura de nuestra conciencia, donde recaen nuestros defectos, esos que nos disgustan y que no reconocemos y que, por lo tanto, no los vemos como parte de nuestra personalidad. Por lo menos hasta ahora toda la gente que he conocido se hace decir una persona buena, sin excluirme.
En consecuencia nosotros no reconoceríamos nuestro talón (de Aquiles) como parte de nuestro cuerpo, siendo el talón nuestra sombra y el cuerpo nuestra personalidad.
Pero anteriormente no alcanzamos el final de la historia, pasa que Aquiles es alcanzado por una flecha envenenada, en medio de una batalla, la que llega justo en su talón débil. Hecho que le produce la muerte.
Y llevándolo al plano personal esto no funciona tan diferentemente, cuando alguien saca a relucir alguno de nuestros defectos, tanto en un contexto argumentativo como en uno burlesco, seguramente nos duele o nos enfada, lo que no sucede cuando nos imputan defectos que no forman parte de nuestro talón. Y reconocer un defecto nos duele.
Por lo mismo es común reconocer ciertas actitudes en pos de radicar nuestro talón de nuestro cuerpo, como cuando usamos botines de plomo, cosa que nadie se entere de nuestros puntos débiles, que no lleguen a reconocerlos, lo que origina una imagen errónea de nosotros.
También podemos proyectar nuestro talón en otros, sea reconociéndoles defectos que más bien forman parte de los nuestros, o bien sintiéndose atacado o presionado por otro, siendo que quienes nos atacamos y presionamos somos nosotros mismos.
Estos mecanismos de defensa de nuestra personalidad no deben sernos indiferentes, ya que complican y perjudican nuestras relaciones con las demás personas. Será, de todas maneras, mucho más armónica nuestra relación con otras personas si sabemos reconocer nuestros defectos e integrarlos a nuestra personalidad, hacerlos concientes, de manera que podamos formar en nosotros un ego equilibrado que nos permita relacionarnos saludablemente con quienes nos rodean.
Es este el sentido del sufrimiento que acarrea la aceptación de nuestros defectos, vivir de manera saludable.
Y como ya he dicho, las primaveras se agotaron, los defectos, aún en primavera, pueden aflorar más rápido que todas las flores juntas, pero aceptándolos puede que la primavera se digne a visitarnos de vez en cuando.

